domingo, 7 de junio de 2015





Hoy, después de mil batallas, siento que te dejo ir. 

Tu mano y la mía nunca se volvieron a encontrar en la multitud y tu voz ya no hacía vibrar mi corazón. Sólo quise hacer lo que tú pedías y alejarme. Entendí que todo estaba marchito y ni con una lluvia de estrellas fugaces volvería a ser lo que fue. Sé que intente más de lo necesario y las costras que quedaron son testigo de aquello. 

Puedo empezar otro día, conocer otro cielo y besar otro sol, pero temo que mis / tus días hayan sido los infinitos, los que se guardan hasta cuando somos tierra. Tu cielo, el más hermoso y tú, mi sol, el más amado. 

El tiempo ha sido implacable y cada recuerdo una sonrisa. 
Fui una cobarde feliz, que no quiso estar en 998 batallas a tu lado, pero que cuando vi que te rendías, supe que eras el hombre de mi vida. Ya era tarde en la batalla 999 y en la mil, me rendí.