Hoy, después de mil batallas, siento que te dejo ir.
Tu mano y la mía nunca se volvieron a encontrar en la multitud y tu voz ya no hacía vibrar mi corazón. Sólo quise hacer lo que tú pedías y alejarme. Entendí que todo estaba marchito y ni con una lluvia de estrellas fugaces volvería a ser lo que fue. Sé que intente más de lo necesario y las costras que quedaron son testigo de aquello.
Puedo empezar otro día, conocer otro cielo y besar otro sol, pero temo que mis / tus días hayan sido los infinitos, los que se guardan hasta cuando somos tierra. Tu cielo, el más hermoso y tú, mi sol, el más amado.
El tiempo ha sido implacable y cada recuerdo una sonrisa.
Fui una cobarde feliz, que no quiso estar en 998 batallas a tu lado, pero que cuando vi que te rendías, supe que eras el hombre de mi vida. Ya era tarde en la batalla 999 y en la mil, me rendí.



